La Isla

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jueves, 8 de septiembre de 2016

La lucha por la sucesión en el mayorazgo de Orellana de la Sierra [1]

...Tal vez demasiado cerca. Receloso Diego de Orellana de las intenciones de su hermano Pedro el Viejo, al que consideraba su mayor adversario, consciente de la vulnerabilidad de su hijo primogénito, dispuso de forma categórica en su testamento que bajo ninguna circunstancia sucediera éste a su hijo García.  Las atenciones que dedicó a su hijo antes de morir manifestaban en buena medida ese temor, porque si García, cuando ya se hubiera convertido en el cuarto señor de Orellana de la Sierra, desapareciera sin descendencia, los derechos de sucesión recaerían, sin remedio, en la persona de su hermano, como sin duda éste ambicionaba. Por ese motivo reiteró con insistencia en su testamento  que debían sucederle a García sus hijos varones  y en su defecto, sus hijas y en  el caso de no dejar  descendencia, como así  ocurriría en efecto,  “el pariente mas propincuo de parte del dicho mi señor padre”, añadiendo como condición indispensable que “si no obiere varon, que lo herede la parienta mas cercana mia de parte del dicho mi señor padre Diego Garcia, tanto que no sea Pedro de Orellana, mi hermano, ni decendiente que del venga, porque siempre fue mi contrario y se juntó con mis enemigos contra mi”.  

Se estaban generando de este modo las mismas condiciones de lucha por la titularidad del mayorazgo que luego se reproducirían entre los titulares del mayorazgo de  Orellana la Vieja en 1549, siendo entonces protagonista en  la usurpación de derechos de titularidad, durante tres generaciones, Gabriel de Orellana el Viejo, a la muerte sin sucesión de Juan de Orellana el Bueno, contra los derechos de su hermana María.

Lápida de Diego García de Orellana, fundador del mayorazgo de Orellana de la Sierra
Interior de la Iglesia del Monasterio de Guadalupe


Asesinato  de padre e  hijo

Diego de Orellana el Bueno había sido señor de Orellana de la Sierra desde 1414 hasta fechas próximas a 1465. Acaso su posición de poder en Trujillo le acarreara envidias y rencores entre bandos enemigos, o tal vez  fuera Diego objeto de represalia, lo cierto es que poco antes de 1471 fue asesinado por un sobrino de Luis de Chaves el Viejo, hijo de Catalina de Chaves y de Gonzalo de Torres, llamado Francisco de Torres, en la puerta de Santiago de Trujillo, cuando  regresaba a casa del concejo, ya viejo, a lomos de una mula. Este mismo hecho es referido en un memorial del que es autor Lorenzo Galíndez de Carvajal: “Este Diego de Orellana fue el mayorazgo y señor de Orellana matole a traiçion a la puerta de Santiago  Françisco de Torres su sovrino”. 
Probablemente se tratara de una venganza por haber matado él primero a un yerno suyo, hijo mayor de  Hernando Alonso de Orellana, llamado también García de Orellana, seguramente el sucesor del comendador de Mérida en el mayorazgo.

Alcázar de Luis de Chaves el Viejo, Puerta de Santiago e Iglesia de Santiago. Trujillo
Sorpresivamente, algún tiempo después fue asesinado también su hijo García, cuando apenas superaba los  20  años de edad; es posible que las luchas banderizas no fueran en esta ocasión la única explicación a considerar para un suceso que convirtió a su tío Pedro de Orellana el Viejo en el nuevo cabeza de linaje, titular del señorío por tanto y del mayorazgo de Orellana de la Sierra, sobre todo si tenemos en cuenta que la muerte del joven heredero tuvo lugar a escasas fechas de la firma de su testamento. Por su parte, cuando  trata la genealogía del 4º señor de Orellana de la Sierra el doctor Galíndez de Carvajal, tras explicar cómo García heredó el mayorazgo de su padre Diego de Orellana el Bueno, pasa por el  suceso de su muerte con un lacónico “y mataronle moço de vna espingarda”, como si no deseara entrar en más detalles ni consideraciones. 

Casi todo lo que sabemos  de García proviene de su testamento, fechado en Guadalupe el 24 de febrero de 1471 y aunque del mismo se desprenden rasgos que denotan  la energía y el dinamismo de un muchacho joven, su pensamiento está imbuido de una gran madurez, más propia de quien ha vivido los acontecimientos que en el mismo se  reflejan a una edad más avanzada que la suya. Ese prematuro aplomo lo habría adquirido García por la reciedumbre que depara en un joven el manejo de  las armas,  porque participó activamente, como lo habían hecho su padre y su tío Pedro el Viejo,  en algunos de los numerosos enfrentamientos armados que tuvieron lugar durante casi toda la segunda mitad del siglo XV en Castilla, en la que Extremadura fue escenario habitual de continuas luchas, desatadas con inusitada violencia en el seno de la nobleza extremeña, dividida por cuestiones como la sucesión al maestrazgo de la Orden de Alcántara primero y la de Santiago después; los reiterados intentos de señorialización de la ciudad de Trujillo y el asedio a su fortaleza, todo ello enmarcado, a partir de 1465, por  una profunda crisis política en Castilla que desembocó, finalmente, en guerra civil a causa de la lucha de poder entre una debilitada monarquía y la indómita actitud de la oligarquía nobiliaria en cuyo origen se encontraba el consiguiente problema de sucesión a la Corona castellana.

Enrique IV había accedido al  trono en 1454 y durante los veinte años que duró su reinado el poder real fue debilitándose progresivamente, acosado por la desmedida ambición de la oligarquía nobiliaria castellana, rehuyendo siempre actuar en la forma que le pedían sus escasos consejeros con el fin de que impusiera su poder real y atajara con energía sus desmanes, en cuya situación la denominada “farsa de Ávila” en la primavera de 1465 fue tan sólo la triste y esperpéntica representación con la que acertaron a expresarse los nobles rebeldes frente a la falta de autoridad real, abriéndose poco después un periodo de guerra civil, agravada, tras la llegada al trono de Isabel I, con la invasión de Extremadura por Alfonso V de Portugal en apoyo de la opción que representaba para la Corona doña Juana la Beltraneja, con la que contrajo matrimonio, cuya paz se acordó finalmente, con el tratado de Alcaçobas, en 1479.  Aunque restablecida la autoridad real por los Reyes Católicos, las luchas entre la nobleza local aún continuaron en suelo extremeño.  García de Orellana  había participado activamente en  las enconadas luchas de la época junto al clavero de Alcántara Alonso de Monroy, apoyando sus acciones desde Valencia de Alcántara, cuando éste se encontraba en Alburquerque.

Francisco de Meneses  el Santo


Aún no había contraído matrimonio García cuando otorgó testamento el 24 de febrero de 1471, lo que hasta cierto punto parecería normal, sobre todo si tenemos en cuenta que el permanente riesgo en que se vivía lo hiciera aconsejable, especialmente en un primogénito depositario de los derechos de sucesión. Pero quizá no lo fuera tanto que su vida se viera truncada tan sólo unos días más tarde, sin que hubiera tenido oportunidad de fundar una familia sobre cuyos herederos transmitir esos derechos, figurando además en el testamento su tío Pedro como sucesor. Fuera como fuere, tras su muerte, ocurrida a finales del mismo mes de  febrero, se abrieron nuevas expectativas de sucesión al mayorazgo de Orellana, apareciendo en escena, en primer lugar, su primo Francisco de Meneses el Santo, padre de Teresa de Meneses, la fundadora del convento de San Benito de Orellana la Vieja y esposa de Rodrigo de Orellana, sexto señor de Orellana.

La repentina muerte de su primo García sin descendencia le facultaba para reclamar la titularidad del señorío de Orellana de la Sierra, puesto que a su madre, Marta Martínez de Orellana, le correspondía el derecho de sucesión al estar excluido del mismo su tío Pedro, conforme a lo que había dispuesto Diego el Bueno en su testamento. Marta Martínez de Orellana, hermana de Pedro de Orellana el Viejo, había contraido matrimonio en 1430 con Fernán Álvarez de Meneses, señor de la Fuente del Sapo, hijo de Juan Sánchez de Meneses, de la casa de Meneses, de Talavera. Entre las posesiones del matrimonio hay que destacar las dehesas de la Merchana y  Fuente del  Sapo, así como la mitad de Valtravieso, Valdelaspuercas, Zurrajasbotas, Alixa y las Trashijadas, aunque Fuente del Sapo la donó al monasterio de Guadalupe. Tuvo el matrimonio al menos cinco hijos: Vasco, ya fallecido, Isabel, monja en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, Teresa, esposa del regidor de Talavera Pedro de Cerezuela, Juan de Meneses, clérigo, y Francisco, el primogénito, aspirante a la sucesión. "Si no obiere varon, que lo herede la parienta mas cercana mia de parte del dicho mi señor padre Diego García...", había expresado Diego de Orellana.  Según el aspirante, era su madre, por lo tanto, la única sucesora legítima que quedaba al señorío de Orellana de la Sierra y en consecuencia a él, como hijo varón, le correspondía la sucesión al mayorazgo, a cuyos bienes podría unir ahora los que pertenecerían en un futuro cercano al mayorazgo que su padre planeaba fundar a su nombre. 


Lápida de Fernando Álvarez de Meneses.
Interior de la Iglesia del Monasterio de Guadalupe

García de Orellana había nombrado testamentarios a su madre Isabel García de Vargas, Sancho de Carvajal, arcediano de Plasencia, y a su primo Luis de Carvajal, encomendándoles que llegado el caso, hicieran efectiva la entrega a su primo Francisco de Meneses, regidor de Talavera, de todas aquella propiedades no vinculadas al mayorazgo. Reunidos el 17 de septiembre de 1472 en Guadalupe los dos primeros, firmaron ante el notario Pedro González y otros testigos, un documento por el que se le entregaban la dehesa de los Hitos (en Madrigalejo, al sur de la actual presa de Sierra Brava),  Entrambas Pelas, lindera con la dehesa de Cogolludo y Los Alixares para que dispusiera de ellas libremente.


Pero Francisco de Meneses no era el único candidato que pretendía suceder como titular del señorío de Orellana de la Sierra, porque Pedro de Orellana, al acecho de las precarias condiciones que sostenían la vida sin protección de su sobrino García, sin valedores de peso, ambicionaba lo mismo. 

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