La Isla
jueves, 9 de septiembre de 2010
lunes, 30 de agosto de 2010
domingo, 22 de agosto de 2010
Rodrigo de Orellana y Toledo [ 2]
Al día siguiente muy temprano, seguramente conocedor de los movimientos que había iniciado ya Catalina de Mendoza, se dirigió a la casa en Trujillo de María de Mayoralgo, su abuela, donde permanecía retenida Catalina con su marido Luis de Chaves, en compañía del padre de éste, Cristóbal de Mayoralgo, quienes en respuesta a sus preguntas le confirmaron que todas las escrituras del mayorazgo estaban archivadas en la Casa Fuerte de Orellana la Vieja. En determinado momento y sin mediar palabra, el alcalde se abalanzó a un escritorio que había en la casa, del que extrajo, decidido, cierta cantidad de dinero que mandó devolver al rato a su dueña, pero haciéndole prometer antes que a cambio de que aceptara constituir con ese dinero una fianza, por lo que pudiera pasar, aludiendo veladamente a los movimientos de ocupación que sabía ésta proyectaba: "y abrio el dicho alcalde mayor vn escritorio y sacó ciertos dineros que mandó entregar a la dicha doña Maria, con fianças, la qual dixo que apelaua de lo hecho por el dicho alcalde mayor". Viéndose descubierta, María de Mayoralgo solicitó, como única respuesta, su ayuda, pidiéndole que "la amparasse en la possession que tenia tomada pacificamente de los bienes del dicho mayorazgo por doña Catalina de Orellana su nieta," respondiendo orgulloso el alcalde que pidiera auxilio a la justicia cuando quisiera, pero que él estaba decidido a seguir actuando tal y como lo venía haciendo, y para que no quedara duda de su determinación, ordenó que se notificara de inmediato a uno de los oficiales del concejo de Trujillo su designación como responsable y depositario del cobro de todos los arrendamientos y rentas a las que tuviera derecho el señor de Orellana la Vieja, empezando por las dehesas de Cogolludo y del Bodonal, disponiendo con firmeza que a partir de ese momento, todos los arrendatarios, mayorales, pastores y cualquier otro deudor, realizaran sus pagos al dicho depositario, "so pena de pagarlo otra vez", y que se mantuviera esta orden hasta que él mandara lo contrario.
Molino de Tamujoso, en la confluencia
del Arroyo de ese nombre con el Guadiana.
Como ya le confesó al alcalde María de Mayoralgo en su casa, su nieta Catalina de Mendoza se había adelantado en efecto el día anterior, viajando a la villa de Orellana con su procurador, para que tomara posesión del mayorazgo, quien en la misma fecha presentó sus títulos de poder al alcalde mayor de Orellana, diciéndole que don Gabriel había muerto y que por lo tanto, doña Catalina, su hermana, sucedía en el mayorazgo como legítima heredera desde ese momento. Tomó así Catalina posesión de la villa de Orellana la Vieja con sus vasallos, "jurisdiccion civil y criminal alto y baxo mero mixto imperio", su fortaleza, las dehesas de Cogolludo y Esparragosilla, la barca, molinos y las otras propiedades del mayorazgo, en virtud de cuyo auto, el alcalde mayor de Orellana les acompañó en su visita al interior de la fortaleza, en manifestación de acatamiento hacia Catalina de Mendoza, llevándose a cabo la toma de posesión “quieta y pacificamente sin contradicion de persona alguna.” La llegada de Catalina y su proclamación como titular del mayorazgo fue aceptada por los vecinos, dejando que tomara posesión del dominio de forma apacible, tal vez porque ésta advirtiera que mantendría en sus puestos al alcalde mayor, alguacil y escribano y a las otras personas que hubiera designado Gabriel el Mozo.
Asalto a la Casa Fuerte
Mientras tanto, conocedor de esas novedades, la reacción de Rodrigo de Orellana y Toledo no se hizo esperar, acudiendo el 1 de abril a la justicia para denunciar los hechos, explicando que se estaban produciendo por ese motivo algunos enfrentamientos entre bandos encontrados, solicitando asimismo a los jueces que le pidieran al corregidor de Trujillo que solicitara al Consejo Real el embargo de las rentas del mayorazgo.
Pero lo cierto es que Rodrigo, por su parte, tampoco faltó a su cita en Orellana en las fechas clave, encontrándose en el Molino Viejo -junto a la Bernagaleja- el día 27 de marzo, acompañado de un escribano que se llamaba Francisco de Campo, quien siguiendo sus instrucciones, iba dando fe de todos sus movimientos, recorriendo ese día el olivar del Coto y de las Dehesillas y la dehesa del Bodonal, hasta llegar a la dehesa de Cogolludo. Al intentar entrar en la villa de Orellana para continuar su toma de posesión, se encontró con la resistencia de sus concejales: "salio a la entrada Antonio Sanchez que haze el oficio de alcalde con vara de justicia y con vun escriuano y otros quatro hombres y les impidio la entrada y mando que no entrassen so pena de veinte mil maravedis y a Francisco de Campo so la misma pena y dozientos açotes y assi no pudo entrar a la continuacion de la dicha possession en la dicha villa". Al escribano le ordenaron que no diligenciara las posesiones que había hecho don Rodrigo, porque era ya doña Catalina señora de Orellana: "el qual dixo que el dia antes tenia dada la possession de la villa de Orellana y el mayorazgo della a doña Catalina y a su procurador quieta y pacificamente sin contradicion alguna constandole como le constaua ser vnica hermana legitima de don Gabriel difunto, vltimo posseedor...", a lo que el escribano contestó que lo era su señor, conforme a las disposiciones de la leyes de Toro.
Dehesa de Cogolludo
miércoles, 28 de julio de 2010
martes, 27 de julio de 2010
Rodrigo de Orellana y Toledo [ 1]
Rodrigo de Orellana y Toledo
Tras la muerte de Gabriel el Viejo le sucedió su hijo Juan Alfonso de Orellana y en 1593, muerto también éste, Gabriel Alfonso de Orellana el Mozo, su nieto. Aprovechando esta última sucesión volvió a reiterar doña María de Orellana sus pretensiones, reclamando nuevamente el señorío y mayorazgo, interponiendo un nuevo juicio en Granada, acompañada esta vez por su hijo García de Orellana y Figueroa que, con renovado empeño, se convierte en el continuador del meritorio esfuerzo, afán y perseverancia que demostró su madre, defendiendo que el mayorazgo en litigio no era de rigurosa agnación, puesto que a él podían acceder tanto hombres como mujeres, con primacía para los varones cuando concurrieran en igual grado, pero sin que la mujer pudiera ser excluida por un varón de otra línea, como era habitual en España. Apoyaron con firmeza su demanda en una grave acusación: don Gabriel de Mendoza el Viejo había manipulado las escrituras con las que ganó el juicio a la muerte de Juan el Bueno en 1549, introduciendo dudas, por primera vez ante la justicia, sobre la autenticidad del documento esgrimido entonces.
Tras el envite, obtuvieron éstos al fin el 2 de septiembre de 1594, en la Chancillería de Granada, una sentencia de revista favorable a sus pretensiones, resultado indudable de su nueva estrategia, aunque a todas luces adolecía ésta de una importante debilidad: la denuncia se había formulado sin documento alguno de respaldo que pudiera demostrar la acusación de falsedad. Pese a todo, la sentencia era definitiva y revocaba todas las anteriores, declarando a doña María de Orellana y por su reciente fallecimiento, a su hijo García, sucesor al mayorazgo y señorío de Orellana la Vieja. En la misma se condenaba a los descendientes de Gabriel de Mendoza a que devolvieran los frutos y rentas que el mayorazgo hubiera producido hasta el mismo día de su restitución. Lograba el hijo por fin los anhelos mantenidos sin desmayo por su madre durante los últimos cuarenta años de su vida: "por legitimo sucessor he llamado al vinculo e mayorazgo que fundo Juan Alfonso de Truxillo... e condenamos al dicho Luys de Chaues como curador del dicho D. Gabriel Alfonso de Orellana y al dicho D. Iuan Alfonso de Orellana difunto a que dentro de nueve dias como fuere requerido con la carta executoria de su Magestad que de la nuestra sentencia se diere entregue y restituya al dicho don Garcia de Figueroa los bienes del dicho vinculo y mayorazgo y acrecentamientos del para que los tenga e possea con los vinculos y condiciones en el dicho mayorazgo contenidos...". Parecía esto, al fin, la culminación de tan prolongada etapa de frustraciones y desalientos, pero se trataba, lamentablemente, del principio de otra nueva etapa, en la que todo habría de complicarse sobre manera.
El nieto de Gabriel de Mendoza, Gabriel Alfonso de Orellana el Mozo, seguramente bien asesorado, apeló la sentencia, y obtuvo nuevamente del Consejo una sentencia favorable en el grado de Mil y Quinientas, revocando en consecuencia la de revista de 1594 y confirmando la resolución anterior de 1554, convirtiéndose en el 13º señor de Orellana la Vieja. De poco le valió a García de Orellana su denuncia contra los Mendoza, porque nada había demostrado en su acusación. Pese a todo, la inesperada muerte de Gabriel el Mozo sin descendencia en marzo de 1599, vino a desencadenar una serie de nuevos acontecimientos, en los que la ruptura de la línea sucesoria por vía de varonía de los Mendoza introducía, sin solución de continuidad, un mayor grado de complicación, porque Catalina de Mendoza y Orellana –hermana del recientemente fallecido señor de Orellana-, junto con su marido, Juan de Chaves Sotomayor, reclamaban ahora el mayorazgo, sin que importara en esta ocasión que fuera el aspirante mujer. En abril de 1599 lo revindicó asimismo Rodrigo de Orellana y Toledo, como hijo y sucesor de Pedro Suárez de Toledo y nieto de Rodrigo de Orellana y Teresa de Meneses, que desde 1577 reclamaba para sí la titularidad: ahora se presentaba para él la ocasión, porque era el siguiente descendiente en la misma línea de varonía que había convertido en señor de Orellana la Vieja a su tío Gabriel el Viejo. Y, por supuesto, García de Orellana y Figueroa, el tercero en litigio, lo reclamaba también para sí, asistido por sus nuevos documentos.
Palacio de Piedras Albas. Trujillo
Construido por Pedro Suárez de Toledo, padre de Rodrigo de Orellana y Toledo
Así las cosas, en cuestión de pocos días se fue creando un fuerte nudo que terminó por bloquear la salida a cada una de las partes y que los partidarios de unos y otros aspirantes al mayorazgo tensionaba cada vez más, generando intranquilidad y desconcierto en los vecinos de Trujillo y de Orellana. Según Juan Correa Hurtado, procurador de Rodrigo de Orellana, en Trujillo se habían producido ya algunos altercados con gente armada: "otrosi digo que sobre tomar la actual possession de la dicha villa y bienes del dicho mayorazgo y acrecentados en el ha auido y ay en la ciudad de Truxillo y en la dicha villa de Orellana y en otras partes donde estan los dichos bienes mucho escandalo y alteracion y juntas de gentes armadas y aun heridas y ay peligro de suceder muchos alborotos y escandalos e inconuenientes a que no es justo se de lugar...", por eso, el alcalde mayor de Trujillo, preocupado por el clima de tensión que se gestaba rápidamente en la ciudad y porque tenía sospechas de que algunos de los aspirantes estaban moviendo ya sus fichas, decidió intervenir, porque "entre los que pretenden tener derecho a su sucession de su casa y mayorazgo ay grandes diferencias y alborotos por ser todos los pretensores gente principal y auer parcialidades en Truxillo sino se ocurriesse con remedio eficaz". Temiendo los disturbios que estaban a punto de estallar por esa causa, el 23 de marzo, a las cinco de la mañana, mientras agonizaba en la casa de la Alberca Gabriel el Mozo, ordenó el arresto domiciliario de ciertas personas de las que sospechaba sus movimientos, bajo pena de 1.000 ducados de sanción, advirtiendo al mismo tiempo "que ninguna persona de ningun estado calidad que sea con poder o sin el del que pretendiere ser llamado al dicho mayorazgo se atreua a tomar possession y autos della...". Mandó al mismo tiempo instrucciones muy precisas a los justicias de Orellana la Vieja para que de ningún modo "consientan que persona alguna tome la possession de los bienes del mayorazgo del dicho don Gabriel y la denieguen a quien la pidiere", avisándoles de lo que debían de hacer para cumplir sus órdenes. Del mismo modo actuó dirigiéndose a todos los escribanos de Trujillo, ordenándoles que si moría Gabriel el Mozo, no llevaran a cabo ninguna diligencia que les mandaran sin que él lo supiera, para que ninguno de los candidatos se atreviera a tomar la posesión del señorío por asalto en Orellana.
Palacio de Piedras Albas. Trujillo. Detalle de la fachada principal
jueves, 24 de junio de 2010
Gabriel de Mendoza el Viejo
Gabriel de Mendoza
Todo lo que sabemos de Gabriel de Mendoza es lo que de sí mismo mostró en su desaforada lucha por conseguir la sucesión al mayorazgo de Orellana la Vieja. Desde nuestra perspectiva actual, su forma de actuar sería calificada sin ambages de mezquina, pero visto desde su tiempo, lo que mueve su ambición no está impulsado sólo por un interés personal, porque fundamentalmente lo que hace es responder a un profundo sentimiento de pertenencia a su linaje, al que se debía, como miembro destacado de la nobleza local de Trujillo, una inclinación muy enraizada socialmente en la época. Buena parte de su personalidad la encontraremos por esta causa ligada a la biografía de los otros personajes sobre los que iremos tratando, porque la defensa de sus privilegios, como estirpe, marcaba profundamente su actitud frente al derecho de los otros.
Todas las tierras que pertenecían al mayorazgo estaban vinculadas –es decir, no se podían vender o enajenar-, de forma que sus titulares sólo podían disfrutarlas en usufructo, debiendo transmitirlas posteriormente a su hijo primogénito a perpetuidad, de forma que el sucesor recibía íntegramente todos los bienes vinculados de sus progenitores, denominándose bienes libres aquellas otras propiedades no vinculadas, es decir, todos el patrimonio que permanecía a libre disposición de su dueño. El primogénito heredaba el grueso de la riqueza familiar, incluyendo el título del dominio, como era el caso de Orellana, además del apellido del linaje y al mismo tiempo, cualquier otro privilegio del que disfrutara el mayorazgo. El sucesor no sólo percibía así las rentas procedentes del derecho de propiedad plena de la tierra, sino que también tenía acceso a las rentas procedentes del señorío, como lo eran los impuestos que debían pagarle los vasallos del dominio, los derechos reales sobre diezmos eclesiásticos, los que percibía por el uso de aguas y de molinos y otras prebendas, que en el caso de Orellana eran más bien escasas. (A mediados del siglo XVIII la distribución de la carga fiscal de los vecinos de Orellana estaba descompensada en este sentido, porque pagaban más como fieles de la Iglesia -el 57 %-, o como súbditos de la corona -35 %- que como vasallos del señor del dominio, el 8%).
Al poco de fallecer su hermano Rodrigo de Orellana, 8º señor de Orellana la Vieja, Gabriel advirtió que su sobrino Juan, el nuevo titular del señorío, debido a la gravedad de su enfermedad, no viviría muchos años. Él sabía que los derechos de sucesión –conforme a lo dispuesto por el fundador del mayorazgo, Juan Alfonso de la Cámara- pasarían desde ese momento a su sobrina María, pero en su entorno familiar se había generado ya por ese motivo mucha preocupación, porque no existían más hermanos varones. Fuera de las personas más directamente implicadas en la sucesión de María, el resto de la familia de los Orellana apoyaba la candidatura de Gabriel y de forma muy especial, María Enríquez de Mayoralgo, mujer de gran personalidad y de la que hablaremos más adelante, porque lo que estaba en juego era la permanencia de los bienes vinculados en manos de la familia. Las cosas ocurrieron en la dirección que marcaba la opción más conservadora y como consecuencia de su acceso a la titularidad del mayorazgo y del dominio señorial, con Gabriel el Viejo se desvió –durante tres generaciones- la sucesión de los Orellana hacia la rama de los Mendoza. Desde entonces y hasta 1599 ostentaron la titularidad del señorío de Orellana la Vieja el propio Gabriel de Mendoza el Viejo –que adoptó a partir de ese momento el nombre de Gabriel de Orellana-, Juan Alfonso de Orellana, su hijo y Gabriel Alfonso de Orellana el Mozo, su nieto.
Balcón exterior al que daba el salón principal de la Casa Fuerte
Casado con María Pizarro Valenzuela, hija de Gregorio López de Valenzuela -Gobernador de los estados del duque de Béjar, miembro del Consejo de Castilla y oidor del de Indias, del que luego llegó a ser presidente- Gabriel se transformó en el representante de su linaje en defensa de sus derechos de sangre. Aprovechándose de su condición de tutor, tras la muerte de Juan el Bueno, lo primero que hizo fue apoderarse de las escrituras del mayorazgo que estaban en la Casa Fuerte de Orellana, haciendo desaparecer los documentos que serían esenciales más tarde para la defensa de los derechos legítimos de doña María, realizando seguidamente un inventario del que excluyó la escritura de fundación del mayorazgo, colocando en su lugar una copia alterada, conforme a sus pretensiones.
La naturaleza de la enfermedad de su sobrino le había permitido prepararse con mucho tiempo. Antes de que se hiciera el inventario de los bienes del mayorazgo en 1533, Gabriel había aprovechado la ausencia de Isabel de Aguilar para entrar armado en la fortaleza de Orellana con ese propósito. Alguno de los vecinos de Orellana comentaron luego: "abrio el archivo de las escrituras y tomó las que quiso y tuuo tiempo de poner en ellas [lo] que le pareciesse y esta fuerça u violencia fue notoria en la dicha villa y della se quexaua con grandes exclamaciones la dicha doña Isabel”. Juan de Alvear, procurador de García de Orellana, lo explicó de esta forma ante los jueces en 1599: “el qual como tenia pretension de que faltando el dicho don Juan su sobrino avia de suçeder en esclusion de la dicha doña Maria abiendose apoderado como tal tutor de todas las escripturas testamentos cartas dotales previlexios y otros recaudos de la dicha casa y mayorazgo y subçesores de ella y hiço ymbentario de todo esto como quiso puniendo solas las escripturas que le pareçio que le estaban bien y omitiendo y ocultando las otras y ansi faltó del dicho ymbentario la escriptura orixinal del mayorazgo de Orellana que ni aora ni en los pleitos viexos a parecido siendo la que berisimilmente estaria mas guardada y con mayor custodia y con solo el dicho traslado despoxo a la dicha doña Maria madre de mi parte de la posesion de la dicha casa y mayorazgo”.Algunas de estas escrituras pudieron recuperarse posteriormente, pero otras, como el testamento de Pedro Alfonso de Orellana, hijo del fundador Juan Alfonso de la Cámara, se perdieron definitivamente, a pesar de las pesquisas que se llevaron a cabo en algunos conventos de Sevilla, donde afortunadamente se encontraron copias coetáneas de las correspondientes al mayorazgo.
Casado con María Pizarro Valenzuela, hija de Gregorio López de Valenzuela -Gobernador de los estados del duque de Béjar, miembro del Consejo de Castilla y oidor del de Indias, del que luego llegó a ser presidente- Gabriel se transformó en el representante de su linaje en defensa de sus derechos de sangre. Aprovechándose de su condición de tutor, tras la muerte de Juan el Bueno, lo primero que hizo fue apoderarse de las escrituras del mayorazgo que estaban en la Casa Fuerte de Orellana, haciendo desaparecer los documentos que serían esenciales más tarde para la defensa de los derechos legítimos de doña María, realizando seguidamente un inventario del que excluyó la escritura de fundación del mayorazgo, colocando en su lugar una copia alterada, conforme a sus pretensiones.
La naturaleza de la enfermedad de su sobrino le había permitido prepararse con mucho tiempo. Antes de que se hiciera el inventario de los bienes del mayorazgo en 1533, Gabriel había aprovechado la ausencia de Isabel de Aguilar para entrar armado en la fortaleza de Orellana con ese propósito. Alguno de los vecinos de Orellana comentaron luego: "abrio el archivo de las escrituras y tomó las que quiso y tuuo tiempo de poner en ellas [lo] que le pareciesse y esta fuerça u violencia fue notoria en la dicha villa y della se quexaua con grandes exclamaciones la dicha doña Isabel”. Juan de Alvear, procurador de García de Orellana, lo explicó de esta forma ante los jueces en 1599: “el qual como tenia pretension de que faltando el dicho don Juan su sobrino avia de suçeder en esclusion de la dicha doña Maria abiendose apoderado como tal tutor de todas las escripturas testamentos cartas dotales previlexios y otros recaudos de la dicha casa y mayorazgo y subçesores de ella y hiço ymbentario de todo esto como quiso puniendo solas las escripturas que le pareçio que le estaban bien y omitiendo y ocultando las otras y ansi faltó del dicho ymbentario la escriptura orixinal del mayorazgo de Orellana que ni aora ni en los pleitos viexos a parecido siendo la que berisimilmente estaria mas guardada y con mayor custodia y con solo el dicho traslado despoxo a la dicha doña Maria madre de mi parte de la posesion de la dicha casa y mayorazgo”.Algunas de estas escrituras pudieron recuperarse posteriormente, pero otras, como el testamento de Pedro Alfonso de Orellana, hijo del fundador Juan Alfonso de la Cámara, se perdieron definitivamente, a pesar de las pesquisas que se llevaron a cabo en algunos conventos de Sevilla, donde afortunadamente se encontraron copias coetáneas de las correspondientes al mayorazgo.
Patio interior del Palacio de los Pizarro-Orellana. Trujillo
Tras los diferentes intentos y reclamaciones de María de Orellana, con diversa suerte, ante la justicia, Gabriel de Mendoza había mantenido todo el tiempo su postura impertérrito, plasmando incluso en su propio testamento en 1563 los mismos argumentos que le sirvieron durante los juicios contra su sobrina para hacerse con la titularidad del señorío, tratando de darle carácter formal a lo que en definitiva había sido sólo una artimaña para escamotear lo dispuesto por el fundador: "por quanto Juan Alfonso de la Camara del rey nuestro señor don Alfonso el Onzeno fue el que instituyo el dicho mayorazgo de la dicha villa de Orellana la Vieja y en el parece quiso conseruar su casa y memoria en sus descendientes varones que del descendiessen y mientras estos vuiesse quiso excluyr hembras mas cercanas, y demas de ser nuestro padre ay gran obligacion que se cumpla su voluntad y que se nombre viua y aya memoria en el que sucediere el dicho mayorazgo para seruir alli en la casa a nuestro Señor”.
Detalle de la fachada este de la Iglesia parroquial de Orellana la Vieja.
Aparte de todas estas consideraciones que hemos hecho en lo que se refiere a su reconocimiento legal como nuevo titular del mayorazgo, todo viene a identificarle como el artífice y promotor de todos los cambios que se llevaron a cabo entonces en la fortaleza de Orellana, transformándola en palacio, siguiendo el gusto renacentista de la época, incluyendo en el mismo la construcción de un magnífico patio plateresco en su interior y un espléndido balcón exterior para su salón principal, una obra que tal vez ejecutara Alonso Becerra hacia el año 1555, autor también de otro patio, similar al construido en Orellana, que aún hoy podemos admirar en el actual palacio de Juan Pizarro y Orellana, en Trujillo. La construcción de la iglesia parroquial de Orellana la hace entre 1570-1573 el arquitecto Francisco Becerra, hijo de Alonso Becerra, poco antes de marcharse a Perú, siendo señor de Orellana Juan Alfonso de Orellana, hijo de Gabriel el Viejo.
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