La Isla
martes, 23 de febrero de 2010
miércoles, 17 de febrero de 2010
domingo, 14 de febrero de 2010
viernes, 5 de febrero de 2010
Avetoro a la vista
Era la primera vez que trataba de hacer algunas fotos oculto en mi pequeña tienda de camuflaje. Llegué todavía de noche a los arrozales de Casa de Hitos; dejé el coche un poco alejado para que pasara lo más desapercibido posible y me llevé los bártulos que me harían falta: el telescopio con la cámara ya acoplada, una pequeña silla, la tienda, el trípode, un termo y un pequeño bocadillo de jamón que luego me supo a gloria y una pequeña botella de agua. Me instalé y pude ver, ya cómodo, las últimas estrellas, poco antes de que el Sol se anunciara con las primeras luces del alba. Lo primero que me llamó la atención fue el estruendo que hacían las grullas según iban llegando, sobrevolando el espacio donde yo estaba. Estoy seguro que desconfiaban del bulto extraño que veían en el suelo, aunque me había colocado junto a un pequeño árbol, porque ninguna se posó cerca, aunque pude hacer algunas fotos interesantes al vuelo; ahí fue donde eché más en falta un buen teleobjetivo, porque para esos menesteres es mucho más versátil. Bueno, ya habrá ocasión un año de estos, aunque como siga así tendré que pagarlo con la pensión de jubilado.
Pasé un par de horas sin nada a la vista que no fueran las grullas que comían a lo lejos. Alguna vez contaré la historia de Rodrigo de Orellana, -sexto señor de Orellana la Vieja-, cuando quiso apoderarse en 1506 de los pastos de la dehesa Torre de los Hitos -de la que Casa de Hitos seguramente formaría parte- y cuyas rentas percibía anualmente como dote su mujer Teresa de Meneses, y la violencia que ejerció contra los guardas que envió para su defensa Hernán Álvarez de Meneses, su cuñado, legítimo propietario. Tras un buen rato en el que disfruté de las luces que formaban los primeros rayos de sol en aquella vega, me sorprendió la presencia de un animal que se acercaba con mucha lentitud; luego supe que era un avetoro, un ave sumamente escasa y en franco peligro de extinción. Vive en carrizales húmedos, donde caza pequeños animales que le sirven de alimento.
No sólo me sorprendió su presencia, mucho más su comportamiento. Caminaba muy lento y de vez en cuando, como que desaparecía en los surcos del arrozal, dejándose casi caer de espaldas, como dormido, para luego incorporarse de nuevo con el pico muy abierto, como si estuviera tragando alguna presa. Francamente, quedé admirado de su forma de cazar.
Mientras aún tenía el avetoro en mi objetivo, una garcilla cangrejera se había posado a pocos metros, a mi espalda. Debería estar muy a lo suyo, porque tuve que hacer verdaderas contorsiones para ponerme en posición sin delatarme en demasía.
El avetoro se había alejado y por mi parte yo había aprovechado ya todo cuanto cabía esperar de su presencia mientras lo tuve a tiro, así que pude dedicarme durante los minutos siguiente a la garza, que aunque se había colocado tras un seto, me ofrecía una visión perfecta. Aquella nueva aparición me hizo sentir que había merecido la pena la espera, incluso antes de que emprendiera de repente su nuevo vuelo.
Luego, en el mismo seto tras el que se escondió la garza, vino una abubilla a picotear el terreno. Terminó de alegrarme la mañana y a eso del mediodía regresé a casa con la sensación de que había sido un buen día y que por supuesto, no tardaría en volver.
jueves, 4 de febrero de 2010
Ni "Bélgida" ni "Altamirano": de los "Orellana"
A finales del mes de octubre del año 2009 envié un comunicado a los gestores del “Plan de Dinamización del Producto Turístico Los Lagos” -proyecto que se lidera desde la Diputación de Badajoz, en estrecha colaboración con la Junta de Extremadura-, con el fin de hacer algunas apreciaciones sobre la información que actualmente se difunde, desde plataformas institucionales, en lo que se refiere a la historia de Orellana la Vieja. Me contestaron de inmediato y atendieron con suma amabilidad y agradecimiento mis consideraciones. Yo sé que deshacer entuertos lleva tiempo y que a veces, una vez implantado y puesto en marcha un proyecto como éste, una forma de arreglar ciertos detalles es desplazar su tiempo de solución a la primera actualización que se haga del proyecto. He visto, sin embargo, que ciertas modificaciones sí que se han ejecutado, supongo, que movidas por su propio peso, sin que tales acciones hayan tenido relación alguna con aquel comunicado. Quiero hacer aquí expresión, sin embargo, de algunas de las valoraciones que emití entonces, porque creo que la imagen que se proyecte a quien quiera que nos visite, no debe mostrar resquicio alguno en lo que se refiere a la información que se le brinda.
Me dirigí a los responsables del Proyecto en los términos siguientes: “Como observador curioso e interesado en la zona, he leído con mucho interés una buena parte del contenido del “Plan de Dinamización del Producto Turístico Los Lagos” en la página http://web.dip-badajoz.es/ proyectos/ loslagos. Basta una simple ojeada a sus documentos para apreciar el importante esfuerzo que se está haciendo desde la Administración Autonómica por infundir sobre los habitantes del territorio una mayor confianza en el recurso turístico, como importante factor de desarrollo en el ámbito de esa zona de Extremadura [….]. No me corresponde a mí valorar ese esfuerzo ni tampoco sus resultados, pero sí quiero hacer una pequeña aportación –en la medida que la misma quiera ser bien recibida- en lo que se refiere a sólo un matiz: vender Extremadura requiere primero difundir un conocimiento lo más veraz posible de lo que queremos que se aprecie, se valore y se conozca […]. En el fichero que adjunto expreso lo que yo he visto que se difunde sobre la historia de Orellana la Vieja, una crítica sobre su contenido y la información que considero más adecuada a ese respecto. Lo que sepamos difundir a este respecto puede ser el principio de una buena relación con el visitante, que no busca poblaciones ni historias aisladas, sino conocer la zona que visita, sus poblaciones singulares, con su historia específica, su gastronomía, sus fiestas, sus paisajes, su fauna, su flora y sus gentes y, por supuesto, sus lugares de descanso y atención, donde desarrollar a gusto sus aficiones de ocio. Hacer que nos visite debe ser la primera invitación para que repita”.
En la primera parte del informe que les adjuntaba expresé algunos de los contenidos que se estaban difundiendo, por vía institucional, sobre la historia de Orellana la Vieja. En la segunda, mi posición crítica sobre dichos contenidos. Expreso aquí nuevamente algunas de esas consideraciones, actualizando mi información.
Hasta hace poco tiempo, en la web del propio Ayuntamiento de Orellana la Vieja- http://www.orellanalavieja.es - en su apartado de “Historia”, sólo aparecían unos cuantos datos de poca entidad e incorrectos en su mayor parte –información a la que aún se puede acceder en la página http://www.dip-badajoz.es, referida al municipio de Orellana la Vieja-. Sin embargo, en su apartado: Empresas /Recursos Humanos/ Historia, existía un amplio capítulo sobre parte de la historia de Orellana –desmesurado en su extensión, sin que por otra parte lograra ofrecer una síntesis global de la historia del municipio- que confundía a los visitantes de la página. Hoy, ese capítulo se ha resumido considerablemente, lo que es un acierto. Del mismo se ha obtenido, resumiéndolo aún más, la nueva información que ahora se incluye –un nuevo acierto- en el sitio correcto: “Historia del municipio”.
Pese a todo, aún se mantiene en el epígrafe “Monumentos”, la misma información sobre la que ya expresé mi opinión en dicho comunicado, haciéndolo extensible a la que figuraba asimismo en los paneles informativos instalados por la Diputación en la vía pública, especialmente los instalados al pie del Palacio y en la Plaza de Extremadura, porque en los mismos se expresan algunas inexactitudes que hacen desmerecer el conocimiento que ya existe de la historia local.
En lo que se refiere a la información que contiene el apartado “Monumentos” de la página municipal, trato de resumirlo en los puntos siguientes:
- El “hermoso palacio-fortaleza del Marqués de Bélgida” no es del marqués de Bélgida, sino de los Orellana, señores de Orellana la Vieja
- A la expresión “La iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, obra del XVI es el edificio más representativo de la villa” le falta aclarar que “entre los edificios de carácter religioso”.
- El convento de San Benito es un monumento significativo en la historia de Orellana la Vieja, íntimamente ligado a la figura de Diego García de Paredes -el Sansón de Extremadura-, nunca suficientemente destacado en la información (su primer hijo legítimo nació en la Casa Fuerte de los Orellana). La “ermita” de Santo Domingo ya no existe como monumento en la localidad, por lo que no ha lugar su alusión.
- La fotografía que figura recuadrada, sola, y muy destacada en "Monumentos", corresponde a una ventana con colorines de una casa particular, construida en el segundo tercio del siglo XX y que no tiene significación arquitectónica singular alguna. De poner una foto en el apartado “Monumentos”, el motivo debería corresponderle siempre, por derecho propio, a la Casa Fuerte, a la Iglesia parroquial o el convento de San Benito.
Con respecto a la información que contienen los citados paneles informativos, extraña, en primer lugar, que siga utilizándose en los mismos el nombre de “Altamirano” para referirse a los titulares de la Casa-Fuerte de los Orellana. Los Orellana son los constructores y primeros moradores de la fortaleza, sede del señorío de Orellana la Vieja, sus únicos y originales titulares. Es cierto que las primeras concesiones de tierras las hizo en la zona –a partir de Zorita y hasta el Guadiana- el Rey a los Altamirano, pero los miembros Altamirano que allí se asentaron, hacia 1280, adoptaron desde el primer momento, como apellido, el nombre del lugar, “Orellana”, y pasaron a llamarse “Orellana”, por lo menos desde la fundación del señorío, en 1341. En consecuencia, los Orellana y los Altamirano son dos familias distintas, aunque pertenecientes a un mismo linaje. De hecho, siguieron conviviendo en Trujillo -En el Alcazarejo de los Altamirano unos y en la Casa de la Alberca, otros- compartiendo, por separado, cargos de regidores en el concejo de esa ciudad, desde el siglo XIV. Por eso, es más adecuado que, de cualquier forma a la que debamos referirnos al Palacio, o a la Casa Fuerte de Orellana la Vieja, la llamemos siempre de los Orellana.
Más aún sorprende la explicación que aparece en el panel informativo instalado en la Plaza: alude al palacio de “los Bélgida (Altamirano)”, significando, de esta forma, con el paréntesis, que Bélgida y Altamirano son una misma cosa, o que al menos, tienen una cierta relación entre ellos, cosa que en absoluto es cierta. Los Bélgida aparecen vinculados a Orellana desde el momento que el marqués de Bélgida se hace con la titularidad del marquesado de Orellana la Vieja al contraer matrimonio en 1754 con Dª Florentina Pizarro de Aragón y Orellana (viuda de D. Antonio de Herrera, conde de la Gomera) que por aquellas fechas era la última descendiente de don Juan Pizarro de Aragón y Orellana, Picolomini, etc., marqués de San Juan, de Piedras Albas, y 9º marqués de Orellana. El marqués de Bélgida es así sólo un título nobiliario sin vinculación alguna con el lugar de Orellana la Vieja y menos aún con su historia, pese a los lazos de propiedad que debió mantener sobre ciertas tierras del término municipal, ligadas a su título de marqués. Es decir, que el apellido Bélgida no tiene significación histórica alguna como para merecer ser vinculado a la fortaleza de los Orellana, señores de Orellana la Vieja. Ni siquiera está vinculado a Extremadura, sino a Valencia, a un lugar llamado Bélgida, junto a la población de Xátiva (Valencia). El primer título del marqués de Bélgida lo concedió Fernando VI en el año 1753 a un significado miembro de la nobleza valenciano-castellana.
Más aún sorprende la explicación que aparece en el panel informativo instalado en la Plaza: alude al palacio de “los Bélgida (Altamirano)”, significando, de esta forma, con el paréntesis, que Bélgida y Altamirano son una misma cosa, o que al menos, tienen una cierta relación entre ellos, cosa que en absoluto es cierta. Los Bélgida aparecen vinculados a Orellana desde el momento que el marqués de Bélgida se hace con la titularidad del marquesado de Orellana la Vieja al contraer matrimonio en 1754 con Dª Florentina Pizarro de Aragón y Orellana (viuda de D. Antonio de Herrera, conde de la Gomera) que por aquellas fechas era la última descendiente de don Juan Pizarro de Aragón y Orellana, Picolomini, etc., marqués de San Juan, de Piedras Albas, y 9º marqués de Orellana. El marqués de Bélgida es así sólo un título nobiliario sin vinculación alguna con el lugar de Orellana la Vieja y menos aún con su historia, pese a los lazos de propiedad que debió mantener sobre ciertas tierras del término municipal, ligadas a su título de marqués. Es decir, que el apellido Bélgida no tiene significación histórica alguna como para merecer ser vinculado a la fortaleza de los Orellana, señores de Orellana la Vieja. Ni siquiera está vinculado a Extremadura, sino a Valencia, a un lugar llamado Bélgida, junto a la población de Xátiva (Valencia). El primer título del marqués de Bélgida lo concedió Fernando VI en el año 1753 a un significado miembro de la nobleza valenciano-castellana.
El mayor valor y significación del Palacio de los Orellana es su origen histórico y la estrecha vinculación que siempre mantuvieron sus moradores -los Orellana- a la nobleza local de Trujillo, a su historia, o lo que es lo mismo, a la historia de Extremadura.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Introducción a Galería de Personajes Históricos [ 1 ]
En esta galería de personajes históricos irán apareciendo algunas de las figuras que más destacaron durante el tiempo en que estuvo vigente el dominio señorial de los Orellana, a partir, especialmente del siglo XVI, y durante su época de marquesado. Soy consciente de que me salto la cronología al dejar atrás personajes bien conocidos, como Juan Alfonso de la Cámara, de los que tal vez en otro momento debamos hablar, pero considero de mayor interés fijarnos en aquellas otras figuras protagonistas de las que ahora tenemos una mayor riqueza de detalles y sobre las que podemos asomarnos un tanto a su personalidad, a sus sentimientos y a sus pretensiones en la vida, a ensayar ciertas pinceladas, en fin, que nos dejen otear un poco sobre quiénes fueron.
Tras la conquista de Trujillo en 1232, el paulatino asentamiento de los Altamirano y Bejarano en las tierras situadas más al sur de su alfoz, junto al Guadiana, culminó con la formación de dos señoríos: el de Orellana la Vieja, concedido por Alfonso XI en 1335 a Juan Alfonso de la Cámara y el de Orellana de la Sierra, limítrofe con el anterior, que recibió en 1375 Alvar García Bejarano, por concesión de Enrique II. Evolucionó el primero conforme a la línea sucesoria establecida hasta 1549, año en el que se produjo la muerte sin sucesión, en Trujillo, de Juan de Orellana el Bueno, su noveno titular. Abre esta muerte una larga serie de litigios en el seno de la familia de los Orellana, comenzando a partir de entonces una intensa porfía por la sucesión al mayorazgo que se prolonga hasta 1614 -fecha en la que Felipe III le concede a Pedro de Fonseca Orellana y Figueroa, el primer título de marqués de Orellana-, reflejo de la lucha por mantener en el seno del linaje el patrimonio y los privilegios sociales a que eso daba lugar en la época, dándonos así la oportunidad de acercarnos a los personajes más destacados en esta lucha.
Durante el proceso de búsqueda de la información para llevar a cabo el estudio sobre el señorío de Orellana la Vieja, tuve ocasión de manejar numerosas copias de las escrituras más importantes relacionadas con su fundación y posterior evolución del mayorazgo, halladas entre documentos relativos a diferentes asuntos, pertenecientes todos ellos al Archivo Histórico Nacional y la Real Academia de la Historia, y en todos los casos la coincidencia de su texto es total, apreciándose sólo pequeñas diferencias debidas, en lo esencial, a pequeñas omisiones y a cuestiones gramaticales y ortográficas, según los hábitos seguidos por el escribano en cada ocasión, muestra del absoluto rigor con el que fueron tratados siempre los originales. Sin embargo, pese a la garantía de fidelidad con la que se llevaron siempre a cabo esas copias, en determinadas ocasiones, algunos escribanos se prestaron al engaño y a la manipulación, movidos por quienes defendieron en algún caso intereses espurios. Ese fue el artificio que siguieron María de Mayoralgo y su tío Gabriel de Mendoza para arrebatar la titularidad del mayorazgo de Orellana la Vieja a su legítima sucesora María de Orellana, tras la muerte de su hermano Juan el Bueno sin sucesión en 1549. El intrincado cruce de pleitos y demandas, apelaciones, alegaciones y comparecencias en que se vieron implicados durante casi sesenta años los herederos de la familia Orellana por esta causa, tratando de acceder contra sus adversarios a la titularidad del mayorazgo en litigio, proporcionó finalmente un importante caudal informativo del que se nutrirá la galería de personajes que aquí se presenta.
Considerándose cada uno beneficiario cierto del derecho de sucesión al señorío, con el evidente propósito de adquirir el dominio sobre los bienes del mayorazgo de Orellana la Vieja, disfrutar de sus rentas y elevar por ende su posición social, esas pretensiones hicieron que la documentación de la que disponía cada facción afluyera de una u otra forma a la Chancillería de Granada, formando así un extraordinario aporte documental que, pese a la escasa novedad en su contenido, su contexto resultó para este propósito de una gran utilidad, permitiéndome crear una detallada genealogía de las diferentes ramas familiares en litigio, vinculadas, durante generaciones, al mayorazgo, imprescindible para identificar con nitidez la posición de cada personaje, cumpliendo con suma eficacia la función de guía con la que podernos mover hoy con cierta soltura por entre la maraña de nombres y circunstancias en el transcurso de los acontecimientos. La propia documentación adquiere de este modo cierto protagonismo, que trataremos en una segunda parte de esta introducción.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



